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domingo, 4 de enero de 2009

La Estrella de Belen y los Reyes de Oriente.


Hacia el naciente del país de Canaán se extendía la mesopotamia, y más allá, Persia. Por esa zona y tal vez más allá todavia, había tres reyes. Reyes de reinos chicos, algo así como caciques de algunas tribus de aquellos pagos. Esos reyes eran astrónomos y astrólogos, es decir, que se la pasaban estudiando las estrellas y tratando de establecer la influencia que podrían tener en la vida de los hombres. Cosa que todabía no está clara, de modo que no hay que llevarle mucho el apunte a los horóscopos.

Con sus lentes barrían el azul del cielo en las maravillosas noches de Oriente. Y leían viejos pergaminos y tablitas cubiertas de signos extraños, heredadas de los magos de Asiria y de Caldea. Por eso tambíen a ellos le llamaban magos. Eran Los Reyes Magos. Y como estudiaban mucho, conocían los Libros Sagrados del pueblo de Israel, en los cuales habían aprendido a adorar al Dios único, aguardando asimismo la llegada de un Salvador.

Tal vez como fruto de sus estudios, tal vez por que algún ángel se los sopló al oído, los Reyes Magos sabían que una señal en el cielo anunciaría el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre. Y buscaban esa señal, noche tras noche, apuntando sus lentes hacia las brillantes constelaciones.

Aunque sus reinos quizás no fuesen vecinos y acaso ni siquiera se conocieran entre ellos, los tres Reyes Magos descubrieron al mismo tiempo una magnífica estrella, luminosa, nítida, que aparecio en su campo visual súbitamente. No dudaron ni un minuto esa era la señal que esperaban. También sin dudarlo, los tres se pusieron en marcha para saludar al Redentor que nacería. Cada cual se aprestó a preparar la gran travecía. Cargaron de regalos a sus camellos y emprendieron el viaje.

Y los tres se encontraron en una confluencia de caminos. Allí, seguramente, se hicieron las presentaciones del caso:

_ Mucho gusto, soy Gaspar.

_ Encantado, me llamo Melchor.

_ El gusto es mio, soy Baltasar.

Baltasar era moreno, según dicen.

Siguieron viaje juntos, detrás de la estrella que guiba sus pasos.

Al acercarse a Jerusalén no vieron mas la estrella. Preguntaron entonces por el rey, para averiguar dónde nacería el Mesías, conforme a las profecías de Israel. Era natural que así lo hicieran, pensando que entre reyes habrian de entenderse. Pero no sabían con quién se metían.

En Israel mandaba Herodes, un rey malísimo, acomodado con los romanos.

Los Magos le dijeron:

_Oiga Herodes, nos podría informar dónde ha de nacer el Rey de los judíos?

Herodes se sobresaltó, temiendo que otro viniese a sacarlo del trono. Pero, de todas maneras, mando interrogar a los conocedores de la Escritura para poder responder a los Magos.
_Nacerá en Belén - les hizo saber Herodes. Vayan para allá, una ves que hayan encontrado al futuro Rey de Israel avísenme, asi yo también ire a adorarlo.

Esto último era pura mentira, porque lo que quería Herodes era encontrar al Niño para matarlo y liquidar así a quien podía ser competidor suyo.

Al salir de Jerusalén, los Magos volvieron a ver la estrella, brillando en lo alto.

La siguieron hasta Belén y ahi se detuvo.



Jesús, María y José ya habían abandonado la gruta del nacimiento y ocupaban una casita modesta, en las afueras del pueblo. Hasta allá llegaron los Magos.

Al ver al Niño se arrodillaron ante Él, conmovidos. Y el Niño les hacía fiesta, lleno de risa. Entonces le dieron los regalos que le habían llevado.

Uno le dió incienso, reconociéndolo como Dios, pues simboliza la adoración.

Otro le dió oro, reconocíendolo como rey y representando al amor de buena ley.

El tercero le dio mirra, una planta amarga que se usaba para embalsamar a los muertos, reconociéndolo como hombre y figurando la mortificacion.

Y los vecinos de Belén se hacían lenguas viendo semejantes comitivas, ya que tanto lujo no se conocía en la región.

Cumplido su propósito, los Reyes Magos volvieron a sus tierras. Pero tomaron otro camino, pues un ángel les avisó que nada debían informar a Herodes, evitando pasar de nuevo por Jerusalén.

Y Herodes se quedó esperando.

Objetivos:

Destacar que todos hemos de ofrecer a Jesús aquello que simbolizaban los regalos que le entregaron los Reyes Magos: el incienso de nuestra adoración, el oro de nuestro amor y la mirra de nuestras pequeñas mortificaciones.




LOS REYES MAGOS


Llegaron ya, los reyes y eran tres

Melchor, Gaspar y el negro Baltasar

Arrope y miel le llevarán

Y un poncho blanco de alpaca real.

Changos y chinitas duérmanse

Que ya Melchor, Gaspar y Baltasar

Todos los regalos dejarán

Para jugar mañana al despertar.

El Niño Dios muy bien lo agradeció

Comió la miel y el poncho lo abrigó

Y fue después que sonrió

Y a medianoche el sol relumbró.


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